miércoles, 7 de diciembre de 2011
El sapo cantante.
Érase una vez un sapo llamado Tocucne que vivía en una charca. Siempre estaba croando y croando. A todos los de alrededor de su charca le encantaban cuando le escuchaban croar. El sapo Tocucne era el más famoso de las 100 charcas de alrededor, tenía un grupo de música de blues, otro de rock y tenia otro de pop. Todos los grupos se llamaban igual: "Los sapos pegajosos."
Un día, Tocucne se despertó con hipo y croaba de manera chirriante, los hijos de Tocucne se quedaron medio sordos y su mujer también por esa voz tan fea y molesta.
Todos los vecinos estaban alborotados con ese ruido tan estridente proveniente de su casa.
-¿Es Tocucne ese que canta así de mal?
-No puede ser, quizá esté dando clases de canto.
-¡Por todos los bichos!¡Es Tocucne!¡¿Quién le ha hecho eso?!
Después de unos días, cuando los bichos tanto feos como adorables y bestias como refinados, estuvieron al límite de desesperación sin su voz tan hermosa, a una libélula se le ocurrió una idea. Después llegaron un medico hormiga, una abeja con bata de hoja imitando a las de científicos y una mosca con gafas (que desde luego eran adorno) farmacéutica. Entraron en el piso de "los juncos" en el que vivía el sapo y su familia anfibia. Todos los vecinos los aplaudieron un poco dudosos. Los insectos médicos hablaron sobre el plan por el que estaban allí. Todos en aquel momento estaban de acuerdo.
Entonces cogieron al sapo por detrás y...
ZASSSSSSSSS.
Lo metieron en muchas máquinas y al cabo de 1 hora y media fue hacia su casa croando de alegría y dijo ilusionado:
-Esta vez no comeré chicle con la boca abierta, no me comeré la chuleta de cordero con una
pajita y tampoco comeré las sobras que caen al suelo.
Y sin hacer todas esas locuras vivieron croadamente felices.
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