-Marco, me voy a trabajar a la ciudad, tendrás que cuidar de Roxana mientras yo no estoy, tu padre hoy viene conmigo así que tendrás que ir a pescar otro día. Vendremos a las seis o siete de la tarde. Espero que seas responsable y no armes una buena zapatiesta como la última vez.
El niño refunfuñó:
-Llevo esperando dos semanas para ir a pescar con papá y ahora tú vas y me dices que me tengo que quedar con la petarda de mi hermana sin salir de casa en ocho horas. ¡Me parece genial!
-Renacuajo, como te pille y le vuelvas a hablar así a tu madre, te prometo por el monstruo del lago Ness que estarás castigado muy severamente.
Dijo esta vez el padre de Marco.
Sus padres se fueron, y justo en ese momento a el niño se le ocurrió una idea. Pero sabía que si la hacía iba a ser un acto muy irresponsable. Entonces decidió llamar a sus amigos Pedro, Carmen y Pablo o como él los prefería llamar: Carmela, Pedo y Pablete.
Pedro era grande, fuerte y gordo aunque él decía que estaba muy bien y que Pablo y Marco estaban como dos palillos de dientes.
También, era pelirrojo y su comida favorita era la tarta.
Vamos, que básicamente era así:
Pablo, sin embargo era un poco mandón, se asustaba fácilmente. Su pelo era negro, tenía la piel oscura y siempre llevaba su peto con una camiseta a rayas.
Carmen era la hermana de Pedro. Era pelirroja y muy pero que muy divertida. Le encantaba la relajación, leer, escribir, pintar y los niños pequeños.
Cuando todos estuvieron reunidos en la casa, Marco explicó el plan.
Carmen tenía que quedarse en casa con Roxana, cosa que le encantaba a la niña.
Pedro tenía que ayudar a Pablo y Marco a encontrar sus disfraces de piratas e ir a la orilla de la playa.
¡Menudo lío...! La iban a liar parda seguro.
Cogieron unas ropas de pirata, que eran de su abuelo porque él era uno, un garfio y un parche.
Fueron hasta la playa de "Kaukau". Empezaron a jugar a la orilla o en la arena.
FUUUP, FUUUP
El barco de Jensen había llegado. Por si no lo sabías, Jensen era el tío de Marco. Era muy bromista y divertido. Era muy rico y respetado por todo el mundo. Llevaba décadas sin hablar a su hermano, el padre del niño. Estaban enfrentados por
una partida de batalla naval.
-¡Marco, Pedo, Pablete! ¿Qué hacéis aquí?
Los niños fueron corriendo hacia Jensen. Sabían muy bien que, si conseguían darle un abrazo, le podría dar un juguete, dinero o incluso algún que otro dulce.
-Jensen, ¿de dónde vienes ahora?
Preguntó Pedro tímidamente.
-Vengo de la India, he montado en elefante y he conocido a un bello y apuesto caballero que vivía en un cristal. Me he visto en un espejo hecho a mano, forjado en Diu, y como no, me enamoré de lo guapo que soy.
Contestó dándose más importancia de la que tenía.
-Pero... ¿no te daba miedo caerte de un elefante?
Preguntó Pablo.
-Si eres un hombre de verdad, no tienes miedo a nada.
Contestó de nuevo Jensen dándose importancia.
-Y tú, Marco, ¿no tienes nada que preguntar?
-Yo no, tus hazañas son muy poco divertidas.
-¡No me lo puedo creer! Tengo en mi maletín unos souvenires de India en los que pone:
Roxanna, Pedro, Pablo y Carmen y Marco.
-Eh, tío, necesito los souvenires ya, hoy es el cumple años de mi madre y le voy a regalar algo.
Dijo Pablo con energía.
-Eso, ¡¡que lo mío seguro que son dulces y yo necesito comer!!
Vociferó Pedro como un loco.
-Bueno, si tenéis tanto empeño en abrirlos...
Aquí está uno blandito que pone: para Pedro.
-Es mío, es mío.
Bua, mi regalo es un globo con forma de tarta de chocolate. Espera, aquí pone MADE IN INDIA, PARA EL NIÑO MÁS GLOTÓN EN EL MUNDO. Ji, ji, ji, al final será verdad lo de que tengo que ir al concurso de comida.
-Aquí hay otro que pone: para Pablo.
-Ese me pertenece.
-No te digo yo que no, Pablete, si pone tu nombre...
Dijo Marco riéndose a carcajadas.
-¡Menos charlar y más abrir regalos, chicos!
Ordenó Jensen un poco enfadado por la parsimonia de todos los allí presentes.
-¡¡¡Sí, sí, sí!!! Tengo el mejor regalo del mundo mundial, es un libro sobre navíos, naufragios y sucesos en alta mar que se los ha inventado el escritor indio favorito de mi madre, "Hendereken Buskanova". Esto cuela seguro, y luego me lo leo yo cuando quiera.
-¡Pero qué fresco que eres Pablo, yo haciéndole a mamá un regalo que me ha costado siglos terminarlo y tú vas y le regalas lo primero que encuentras. Pero el único fresco aquí no eres tú, todos me habéis dejado al cargo de Roxanna. Jensen, dame a mí mi regalo que yo soy la única que va al grano.
-Así me gusta, decidida. Ja, ja, ja. Aquí tiene usted su regalo.
-¡Genial, es una estatuilla hindú que representa la tranquilidad! (Que es lo que falta aquí).
-Ahora el de Roxanna.
-¡Un zonagezo! ¡Y una muñeca! ¡Viva y viva!
-Bueno, ya sabéis que regalo falta ¿no?
-¡El de Marco!
Dijeron los niños a la vez.
-Yo no quiero lo que tú me des, pero qué mas da, si eres un pesado...
Pero cuando vio el regalo...
-¡Menuda cosa, pero si es más pesada que la panza de Pedo!
Dijo Marco al ver bien su regalo.
Al abrirlo se creó una gran expectación de todos los que estaban allí.
-¡Es un juego de batallas navales!
-Exacto, para jugar cuando te aburras y planear técnicas.
-¡Juguemos ahora mismo! Tenemos que echar una partida a las batallas navales.
Exclamó Marco entusiasmado.
Entonces desenfundaron los barcos, prepararon las coordenadas y ¡solo quedaba jugar!
-A-2.
Empezó a decir Jensen.
-¡Tocado!
Dijo Marco un poco deprimido.
-B-7 tío.
-¡Tocado y hundido!
Proclamó el tío reprimiéndose.
Al poco tiempo de estar jugando, Marco empezó a sentir que era un pirata de verdad que se estaba enfrentando a otro barco para conseguir un buen botín de oro.
-¡¡H-9!!
-Agua, fallaste Jensen. Ja, ja, ja.
Como por arte de magia, Marco se puso rápidamente en cabeza y cada vez que era su turno, daba con un barco.
-¡Mi último turno, espero que no lo desperdicie porque estoy apunto de ganar!
Después de pensar dónde podrían estar el barco por fin dio la coordenada:
-¡¡¡G-5!!! Estoy seguro de que es eso.
Anunció confiado Marco.
-Tocado, hundido y arruinado, sobrino mío. Me has ganado.
Pronto, Theodor, el abuelo de Marco; y la abuela Amparo llegaron a la playa con la intención de navegar un poco en la vieja barca pero con media familia allí delante se paró a saludar.
-¡Abuelo, Abuela!
-¡Papá, mamá!
Theodor no tardó en echar el ojo a aquel tinglado que habían montado en la arena y dijo:
-Mi nieto, ¡madera de pirata no tiene. Pero de batallas navales podía salvar media flota! Veniros y damos los ocho un paseito en barca.
-Pero... ¿cariño no íbamos nosotros solos?
-Amparo, ahora no, ¿no ves que están deseando ir al mar y disfrutar de la brisa marina y de este pedazo de abuelo?
-Oh, en ese caso, vamos en busca de un abuelo que se parezca a tu descripción.
-¡Qué cosas dices! ¡¡Que soy un abuelo pirata!!
Finalmente todos rieron y estuvieron felices.
La regañina de los padres de Marco a él es otra historia.
:) Y colorín colorado este cuento por fin se ha publicado.
cuando vas a poner otro
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