martes, 19 de noviembre de 2013

La niña milagrosa II

Como ya dije en la otra entrada pasada, continuará el cuento. ¡Espero que os guste!


El anciano acompañó a Isabel hasta su casa, donde sus padres le echaron una buena regañina.
Mientras regañaban a la niña, ella no paraba de darle vueltas a la cabeza sobre lo que había pasado hace unas dos horas.
-¿Será el agua de verdad mágica? ¿Será que el abuelo no esta muy bien de la cabeza? Si ese pilar lleva más de diez años construido, digo yo que habrá bebido de ahí más gente a parte de mi. ¿O es que esta semana lo han rellenado de nuevo? 
Isabel recordó que se había dejado el jabón allí.
-¡Hay va! Isabel eres tu otra vez. ¿Qué haces aquí de nuevo?
-¡Omar!, si está también ahí. Yo he venido a buscar el jabón de lavar la ropa. ¿Y usted?
-La verdad es que me tranquiliza mucho pasear por aquí, y me he hecho un nuevo amigo, es aquél.
El abuelo señaló a un cervatillo que estaba tumbado entre unas flores.

                     
La niña se emocionó tanto que se puso a pegar saltos como una loca y tropezó con una piedra.
-¿Estás bien Isabel? Creo que te has lastimado la rodilla.
El cervatillo se puso nervioso y se levantó, se dirigió hacia la niña, y en su nariz se quedó mirándola fijamente a los ojos marrones de esta.
-¡Qué va! No me duele nada, más bien me ha dolido el susto de que me he caído.
El cervatillo apartó sus grandes ojos de ella y miró al cielo, los cerró y se levantó del suelo. Acto seguido se fue detrás de un arbusto, se agachó y lo único que se veía de él era su pequeña y esponjosa colita.
-¡Lucerito! ¡Espera, ¿a donde vas?! No te ensucies ni te pierdas que luego la culpa es siempre mía. 
-¿Se llama Lucerito? Es un nombre muy bonito.
Mientras Isabel hablaba, Omar echó a correr, ¡El cervatillo había desaparecido!
Los dos se pusieron a buscar por todas partes.
-Viejo Omar he encontrado algo raro, ven.
Un portal a un bosque encantado se extendía ante sus ojos


Continuará de nuevo en febrero. Sólo nos quedan dos partes más.





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